Especial Pipi Yalour: Imperdibles de Milano

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Soy sólo una chica a la que le gusta mucho comer, tomar café y conocer bares. Recomiendo lugares en donde estuve, la pasé bien y quisiera volver.
 
Hice un viaje laboral cortito y rendidor a Milán. En el que por supuesto aproveché para comer y beber rico. Fue mi primera vez en Italia y aunque me pareció bastante gritona, dicen que Milán no es muy representativa de la “italianidad” y que la sur los decibeles suben y suben.
 Acá va un listado con los lugares que más me gustaron: 
 
LA HORA DEL APERITIVO
 
Bar Basso (Via Plinio 39)
Es un bar emblemático para los fanáticos de la coctelería porque vio nacer por error al Negroni Sbagliatto (Campari, vermut rosso y espumante en vez que gin). Detrás de la barra está hace 41 años Mauricio Stocchetto, que es el dueño y un gran anfitrión.
Nosotros fuimos durante la hora del aperitivo y nos quedamos en la barra conversando con él y viéndolo trabajar. Si bien la estrella es el sbagliatto, tienen cócteles de autor hechos con jugos frescos. Probamos una reversión muy rica de mimosa con jugo de duraznos blancos hecho en el momento, vodka con pomelo y espumante.
Por el producto y la hospitalidad fue uno de mis favoritos de Milán y es uno de esos lugares de los cuales uno quiere ser habitué.
Está en plena Galleria Vittorio Emanuele frente al Duomo. Así que sentarse ahí a mirar alrededor es fabuloso y un must si estás en Milán porque si sos turista seguro pasás por la puerta. La barra tiene fondo de madera muy bonito y los bartenders están literal de punta en blanco sirviendo cocktails. Lo que más se pide es Campari Soda, pero también pueden probar el Americano (le agregan bitter) o el shakerato (Campari batido y servido con piel de naranja). 
Nótese que está abierto desde la mañana con servicio de cafetería y almuerzo y que cierra a las 20hs cuando termina la hora del aperitivo.
 
SALIR DE COPAS
 
NAVIGLI: Es un barrio con mucha vida nocturna, canales, bares y restoranes unos pegados a otros. Una especie de Barrio Güemes versión Milán, donde se pueden recorrer varios bares buenos a pie.
 
Este bar se ganó un pedacito de mi corazón. Resulta que es el bar más pequeño del mundo, de hecho cuando entré pensé que estaba en el hall del lugar y me sorprendí cuando abrí la siguiente puerta y era el baño. “Esto es todo”, me dijo la chica detrás de la barra. La decoración, además, hace que el lugar sea muy acogedor: tiene muebles de madera con vitrinas y bibliotecas llenas de botellas. Tiene cuatro banquetas en la barra, donde también se despachan por una ventanita cócteles para llevar a quienes caminan por la zona.  Podés permanecer 45 minutos, elegir tu música y fumar adentro. 
Otro aspecto para destacar es que no tienen carta de cócteles, sino que uno elige alguna bebida base por la que tenga preferencia, si quiere un trago corto o un trago largo, si prefiere algo más bien cítrico, dulce, etc y Valentina Grilli – que es la chica detrás de la barra- te prepara algo. Todos los cócteles estaban increíbles.
 
Bar de volumen, me encanta. Buena música, mucha gente, una barra en U donde podés sentarte a mirar cómo laburan, mesas adentro y mesas afuera. La carta de cócteles de autor me pareció linda, con opciones para todos los gustos y sin presentaciones exhorbitantes. Tomé un cocktail que se llama Nino Bixio con ron oscuro, Campari, falernum casero y sorbet de cítricos. Estaba muy bien. También probé el cocktail emblemático de la casa con gin, almíbar, limón y mucho jengibre. Simple y rico.
 
TOMAR CAFÉ
Uno de los mayores placeres de andar por Italia es que en todos lados el café está bien hecho: un espresso es un espresso como corresponde, bien cortito para tomar de parado en la barra. Cabe aclarar que esto no es válido para cafés de especialidad, si pedís un flat white puede que te contesten cosas.
 
En este viaje taché de mi bucket list visitar este café diseñado por Wes Anderson, director de Moonrise Kingdom, Gran Hotel Budapest, La vida acuática con Steve Sizzou, entre otras. Lo había visto mucho en instagram y tenía expectativas gigantescas y la verdad es tan hermoso como suponía. 
El bar está dentro de la Fondazione Prada, que vendría a ser una especie de museo en el que Prada organiza exposiciones artísticas y de diseño vanguardista. Tienen una colección permanente y además muestras especiales.
 
COMER RICO
En Milán lo qué hay que probar obligadamente es es risotto alla milanese, que tiene azafrán y es delicioso. En este restorán comí uno riquísimo servido en una fuente de hierro grande para compartir con aceto de modena por encima.
La propuesta del lugar está buenísima, es un local con estética moderna dentro de un hotel, con servicio muy esmerado donde se sirven platos de gastronomía italiana muy bien logrados. La cocina está a la vista y es de última tecnología. 
Como técnicamente es un bar cuentan con menú de cócteles de autor y clásicos.
En el salón de al lado y bajo la misma órbita hay un restaurant más high end pero que mantiene la misma identidad.
 
Vendría a ser la versión italiana de un muy buen bodegón. Está siempre llenísimo por lo que conviene reservar (+39 02 2951 8806) o ir con paciencia. Fue lejos mi mejor experiencia gastronómica en Milán: mucha gente, platos auténticamente italianos, carta que es un afiche pegado en la pared, atención muy familiar y comida realmente riquísima. 
Acá fui en grupo y definimos pedir primero tabla de quesos y fiambres como entrada (estaban geniales) y después variedad de principales como para probar un poco de todo. Mis más más favoritos fueron los gnocchi Gorgonzola y los spaghetti carbonara. 
 
Princi (Varias direcciones: Corzo Venezia, 21 – Largo la Foppa, 2 – Via Speronari,6 – Via Ponte Vetero, 10 – Piazza XXV April, 5)
Tiene varias sucursales muy concurridas por oficinistas durante el mediodía. Venden comida por kilo y pastelería, pero la vedette son las focaccias cortadas con tijera.  Podés comer en la barra o pedir que te preparen tu comida para llevar. Probé una con zucchinis y mozzarella y otra con tomates y ricotta, ambas buenísimas.  Había unas especies de focaccias hechas sandwich de mortadella que no probé, pero debía haber probado porque todavía a veces pienso en ellas.
Nótese que  venden también vino por copa: hay tres opciones de tinto y tres de blanco, todas cepas italianas que no conocía.
 

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