Jim Morrison, surrealismo y entrevista imaginaria

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Éste podría ser un texto surrealista provocado por un sueño colectivo, una imaginación pudiente o simplemente por un anhelo inconsciente de haber estado en otra época. Lo cierto es que si hubiera vivido en la década de los 60/70 me habría hecho muy feliz saber que en algún momento tendría la posibilidad de entrevistar a Jim Morrison, de quien se trata este texto; de él y el surrealismo que me llevó a inventar una entrevista que nunca fue.

El Rey Lagarto, mucho antes de ser Rey y mucho pero mucho antes de ser lagarto, fue un adolescente precoz que en 14 años de vida ya había vivido en 7 lugares distintos, había escrito una veintena de poemas en un cuaderno viejo y había leído a autores como Baudelaire, Nietzsche, Huxley, Kerouac y Rimabud. De ellos aprendió no sólo la buena prosa, sino que también aprendió a reconocer la droga. Cuando terminó la universidad se mudó de ciudad decidido a que quería ser un poeta, y de los buenos. Pero a veces la casualidad o la causalidad (que son lo mismo) se cruzan en el camino y el joven Jim poeta empezó a escuchar la música: “Esas primeras cinco o seis canciones que compuse […] Yo solo estaba tomando notas de un recital de rock que sucedía dentro de mi cabeza. No lo pensé. Sólo se dio, estaba ahí. Nunca canté. Ni se me había ocurrido. Pensaba que iba a ser escritor o sociólogo, tal vez dramaturgo. Nunca iba a conciertos; fui a uno o dos, como mucho. Vi algunas cosas por televisión, pero nunca fui parte de eso, sin embargo, oía en mi cabeza toda una situación de recital. Con una banda y canto y público, mucho público”

Era 1965 cuando Jim y Ray Manzarek se encontraron en la playa y el poeta recitó sus versos para saber qué tan buenos eran en realidad. Ray fue el que incentivó a Jim a armar una banda propia, a ponerle música real a esos versos y a subirse a un escenario a cantar. La nueva banda se llamó The Doors, y aunque ellos no lo sabían todavía,  se convertiría en una de las agrupaciones más influyentes del rock. ¿Por qué The Doors? por el ensayo de Huxley “Las puertas de la percepción”, en donde dice «Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito».

Pero infinito fue también el pánico escénico del Rey que en las primeras presentaciones actuaba de espaldas a la gente para no enfrentarse a ellos; con el tiempo las drogas colaboraron a curar este miedo, pero Morrison siguió prefiriendo siempre tocar en un bar pequeño, antes que frente a un estadio: Los recitales son bárbaros, pero se convierten en un fenómeno de multitudes que no tiene mucho que ver con la música. En un pub o discoteca pequeña hay un ambiente distinto, pueden verte transpirar y tú puedes verles a ellos. Y hay mucha menos tontería. En un gran recital no te puede ir mal, logras juntar a toda esa gente y no importa mucho qué es lo que haces. En un local pequeño tienes que atrapar a la gente con la música, si no haces bien las cosas se dan cuenta”. Arriba de los escenarios y para ocultar su pánico, Jim se convertía en un poeta sensorial devenido en chamán mítico y desde ese lugar se encendía y encendía a las personas que iban a verlo.

En sus 20 el Rey Lagarto (que ya se había convertido en tal), seguía siendo ese mismo adolescente que depositaba toda su fe en la poesía: “Ella es eterna. Mientras haya gente se podrán recordar palabras y combinaciones de palabras. Nada puede sobrevivir a un holocausto salvo la poesía y las canciones. Nadie puede recordar una novela completa, nadie puede describir un filme, una escultura, una pintura. Pero en tanto y en cuanto haya seres humanos, las canciones y la poesía pueden continuar”. De esa fe en la poesía salieron los 6 discos que The Doors grabó con Jim Morrison y en ellos la marca del poeta es inocultable. Claro que esa era su única fe y aunque muchas veces se subía al escenario usando una cruz, la religión de Jim no se posaba en ese único elemento: La relación (con la religión) es como la filosofía, es a lo que le dedicas la mayor parte de tu tiempo: podría ser una mujer, podría ser una droga, podría ser el alcohol, podría ser el dinero o la literatura. Creo que la religión es en lo que piensas y para lo que te esfuerzas más. Yo estoy medio atrapado en el juego del arte y la literatura”.

En 1971 el poeta Jim Morrison (y no el cantante Rey Lagarto), se mudó a París con la convicción de querer vivir de sus letras. El 3 de Julio de ese año, fue encontrado muerto en la bañera de su casa y fue en ese mismo momento cuando el mito y la fantasía en torno a su vida y su muerte comenzaron a crecer.

Jim en sus 27 años de vida fue un cantante que cantó para 6 discos; fue un poeta que publicó 2 libros con nombre propio; fue el Rey Lagarto que se permitía hacer lo que tuviera ganas. Pero sobre todas las cosas fue el cantante de una banda, en el tiempo en que las bandas escondían un concepto, escondían una fe y una pasión por hacer lo que amaban hacer. Fiel a sus principios siguió siempre sus instintos de libertad arriba y abajo del escenario.

Fuente: Entrevista realizada por Jerry Hopkins, Rolling Stone, 1969.

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