Todos los caminos conducen a Roma

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Todos los caminos conducen a Roma parte de un principio indiscutible: lo único que nos puede salvar del amor, es más amor. Y esto, en tiempos en que la gente se jacta de no creer en el amor luego de un par de desencuentros, es una sacudida de alegría para el romántico infante que todos llevamos dentro. De allí que en este film hay reivindicación del amor en todas sus formas, despojándolo de esa falsa fachada por la cual amor no es otra cosa que besarse en la plaza del barrio. El amor está en la sonrisa del chico, en la canción desafinada de un hermano, en la risa ante un chiste pésimo, en los ojos del viejo.

“El amor es vida, energía, luz, vivir agradecido y sentirse conectado con todo. Cuando uno decide avanzar, no estancarse, y enfocarse en lo que lo hace feliz, todo se soluciona solo. Tenemos amor infinito para dar y recibir en muchísimos aspectos, sólo hay que tener la voluntad de verlos”, dice Valentina Braceras Funes (24), estudiante de Cine en la UNC, directora y guionista del mediometraje.

Librarnos al amor y a la esperanza, en esa rueda interminable de encuentros y desencuentros, besos, canciones y lágrimas. Dejar que el corazón se sienta lleno y sonreír, aunque sea por un rato. Entrevista a Valentina Braceras Funes para AY MAG:

¿Cómo surge Todos los caminos conducen a Roma? Quería hablar sobre la desesperanza en el amor después de una desilusión amorosa. No me refiero sólo al amor romántico de pareja, el amor está en todos lados, cuando uno sonríe, disfruta, está amando. Y cuando hay falta de amor sufrimos y nos da miedo avanzar, perdemos la esperanza. Necesitaba contar cuál era para mí el camino para sanar.

¿En dónde se inspiran las historias? ¿Cómo fue la creación del guión? Quería que el espectador se identificara. Realicé una investigación y entrevistas para conocer cómo pensaban y sentían otras personas. Quería que desde un niño a un adulto mayor se pudieran identificar, por eso el rango de edades de los personajes y las diferentes relaciones de amor entre ellos. Siempre tuve en cuenta que para lograr identificación, tenía que ser verosímil, y para esto, cotidiano.

¿Dejaste una marca personal fuerte en el film? ¿En dónde la reconocés? Cuando la proyectamos varios que me conocen me dijeron “sos vos”. Me quedé de cara y me alegré a la vez. Uno no se da cuenta, y creo que dejás tu marca personal en todas tus obras. En la peli tiene mucho que ver la forma en que hablan algunos personajes, lo infantil, las animaciones, los chistes, las malas palabras… sí, así soy yo.

Es muy fuerte la presencia de la inocencia, los chistes, las canciones de chicos… ¿el amor nos devuelve a la niñez? Tener vivo a tu niño interior te devuelve al amor. Yo no lo pierdo por nada. Creo que es el peor error que puede cometer alguien. Para crear tenés que seguir sorprendiéndote de la vida como un niño.

¿Cómo es producir una película en Córdoba? ¿Cómo ves la situación actual y el futuro del cine en la ciudad? Producir es caro. En estos últimos dos años, Córdoba demostró que hay capacidad y talento, sólo necesitamos apoyo y financiamiento. Me parece muy positivo cómo ha avanzado la producción audiovisual en la provincia y su difusión. Lo bueno es que las últimas producciones obtuvieron una respuesta positiva por parte del público. El público cordobés está dejando el prejuicio que había sobre la producción local. Eso es un golazo. Veo el futuro del cine local con muchas expectativas, que nos va a seguir sorprendiendo y del cual quiero formar parte.

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