Daniel Melero, un sónico dandy astuto

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Está crónica empieza mucho antes que las tres de la mañana cuando Daniel Melero subió al escenario de Belle Epoque. Nada de esto debería contarse tal vez pero en la previa de ir al recital, tomábamos té mientras mi acompañante y una roomie se entregaban a la ceremonia de hacer las mil grullas. Todo muy elegante y equivocado para un sábado a la noche.

Ritos viejos, los recitales en la Belle se alimentan de la sociabilidad. Hoy, la juventud -y no tanto- hipster se reune alrededor del escenario para ver al gran sensei de la avant-garde. Pero antes: Luciano Duarte. El mismo que tuvo para su primer disco a Yul Acri como productor y a Melero como masterizador. Su lista esta noche es precisa y potente. La banda suena compacta aunque no agresiva. Recorre La Tenencia, más alguna versión. Está claro que entiende por donde viene la mano del pop con sintes: crear ambientes. En su caso, a diferencia de la presencia de Melero, Duarte todavía conserva la felicidad del mundo y se permite bailar.

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PH: Lupa Leiva

La salida a escena del Padre del rock sónico nacional, ocurre cuando la platea está fervorosa y llena de gente. Está claro que un público y su ídolo se forman alrededor de una serie de afinidades electivas y secretas. Nadie está coreando y en cueros. Hay mucho lente, abrigo, camperas intervenidas. Y allá arriba Melero. Un dandy pop.

El dandy, como figura de la modernidad, siempre estuvo más allá del bien y del mal precisamente por su adhesión a un estilo de vida antes que a un programa dogmático. Melero es eso, entre otras cosas: un tipo astuto en el medio de la música nacional. Un no-músico que probó su aparente no-talento con Carlos Cutaia pero también con Los Auténticos Decadentes.

Los músicos al fondo sonaron potentes pero sutiles y Melero llevó adelante el recital con maestría. Lo suyo son movimientos casi imperceptibles, casi diría atómicos, de elegancia. Cuando el humo lo cubre, el perfil oscuro aumenta el misterio de cómo alguien puede darle a la tecnología el encanto de un dandy. Cerca del cierre, todavía Melero seguía jovial y bromeando con aquellos que pedían canciones a gritos. «La empresa no se hace responsable», murmuró en un momento. Y siguió con sus canciones de artesano. Que hace poco apareciera reivindicando el papel del piano y su curiosidad por ese instrumento, devolvió la sorpresa cuando todos esperábamos que se implantara un sintetizador en el brazo. Una vez más dió un giro inesperado.

En extasis, Daniel Melero volvió a pasar por Córdoba. Hace días, Diego Elkin de Elvira Pop escribió en su cuenta de Facebook que algo estaba pasando en la ciudad para que Melero viniera cada tres meses y pudiera cobrar cien pesos. Ojalá siga pasando.

 

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PH: Lupa Leiva

 

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